Érase una vez en un pueblo muy lejano, dos niñas, hermanas, que nacieron con sólo un año y meses de diferencia, creciendo entre personas adultas y seres pequeños como ellas; ellas eran muy felices, se compartían todo, eran confidentes, compañeras de juego una de otra, siempre estaban juntas. Al paso de algunos años llegaron junto a ellas dos miembros más, una nena y un varon, que igualmente estaban apartados sólo por un año, y eran también seres de luz y de blancura. La familia comenzó a crecer y con ello las necesidades, lo que los llevó a otras residencias; con todo esto, los cuerpecitos, mentes y personalidades de estos cuatro ángeles fueron desarrollándose,cambiando, fueron transformándose...como hasta hoy. El tiempo ha pasado y si, la separación es inevitable, pero ninguno puede negar que sin los otros tres hubiera sido muy difícil crecer... Como niñas, adolescentes y adultas Irina y Andrea fueron una guía y una fuerza inquebrantable que a Jorge y a Taide les ayudó para emprender el vuelo, los impulsaron, los soportaron; ellas siempre estuvieron ahí, y ahora los últimos dos siguen estando ahi, ahora a ellos les toca cuidarse. Esos cuatro hermanos son seres unicos, unidos por lazos sanguíneos, podrán estar separados por el tiempo y la distancia, pero ese amor no explícito sigue fiel, sigue tatuado bajo la dermis de la piel...
Los quiero... aunque mi indiferencia sea mi máscara y mis te quiero al oído o a los ojos no parezcan sinceros... si lo son...